En condiciones normales, esa potencia debe reducirse progresivamente al final de las rectas. Aunque ambos equipos encontraron la manera de evitar esa limitación: apagaban el sistema en un momento específico de la vuelta y lograban mantener el máximo rendimiento.
El resultado dio un plus de velocidad. No parecía una diferencia grande, pero en la Fórmula 1, unas centésimas pueden ser decisivas: marcar la pole position o quedar relegado en la grilla. El problema no era solo deportivo. Por un lado, se trataba de una ventaja discutible desde lo reglamentario. Por otro, y más importante, generaba riesgos en pista: el auto podía perder potencia de forma repentina en sectores rápidos.
En ese contexto, la Scuderia Ferrari fue uno de los equipos que alertó sobre la situación, lo que aceleró la intervención del organismo. A partir de ahora, esta función solo podrá utilizarse ante fallas reales y no con fines estratégicos. Así, la FIA cierra una puerta que algunos habían sabido aprovechar al límite.
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